GORKA IRAIZOZ, SUPLENTE DE ORO EN MONTILIVI

El fútbol es presente. Para nadie la edad pasa en balde.  Muchos de los jugadores que hace una década los teníamos como indiscutibles, ahora están jugando en ligas menores. O a ratos en sus equipos. O, tal vez, residan escondidos en un banquillo esperando de nuevo la titularidad que le han arrebatado los jóvenes. Es la selección natural. Pasa en todos los ámbitos. Y Gorka Iraizoz, el portero que triunfó en San Mamés y también vistiendo la camiseta blanquiazul del Espanyol, actualmente vive como suplente de oro en Girona.

GORKA IRAIZOZ, UN PORTERO DE LEYENDA

Gorka Iraizoz ha sido a la portería del Athletic lo que un centinela a un castillo. Ha sido el guardián y defensor durante casi diez años, que se dice rápido. Y todavía más teniendo en cuenta que es uno de los clubs con mayor historia del fútbol español y hasta europeo. El guardameta puede presumir de ser el tercer portero que más veces ha vestido esa ‘zamarra’ en la historia del colectivo vasco. Solo por detrás de Carmelo e Iribar. Ahí es nada.

Sin embargo, todas las historias tienen un final. Todas las leyendas van dejando su hueco, su casa, su hogar. Y como hicieron muchos de nuestros antepasados, emigran a otro lugar en busca de oportunidades. Gorka Iraizoz nunca ha escondido que el norte ha sido su familia, pero el club decidió en 2017 prescindir de sus servicios y el Girona se interesó por él, incluso dándole la titularidad.

UN MAL INICIO LE CONDENÓ

Como he dicho en el párrafo anterior, Machín, el entrenador por aquel entonces, le dejó ser titular. Y el equipo catalán encadenó una buena dinámica. No obstante, una serie de dudas y de errores le apartaron del arco en favor de Bounou, el portero que había conseguido el ascenso del cuadro de Montilivi. Y así fue como se ha convertido en el suplente de oro del banquillo catalán.

Gorka nunca ha sido el portero con el mayor alarde de reflejos. Ni tampoco ha sido valorado nunca por su excesiva velocidad. Pero hay algo que sí han valorado mucho los entrenadores que le han tenido. Su capacidad para tomar decisiones y paliar esa falta de reflejos con mucha frialdad para leer las jugadas y colocarse en el mejor lugar. El cancerbero ya es un perro viejo y a base de errores ha ido forjando una experiencia que le ha ayudado en muchos casos. Ahora, a sus 37 años, puede que el Girona sea su último equipo. O no, el fútbol da muchas vueltas…

 

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