Entre el triplete y el estilo

El fútbol es cuestión de pasiones. Se mira y valora en concordancia con los colores que se llevan tatuados, momento en que la objetividad pasa a un segundo, tercer e incluso, cuarto plano. De ahí que los criterios sobre lo que ocurre en el rectángulo verde, por muy profesionales que sean, estarán siempre sujetos a los intereses de los lectores, por lo que quedar bien con todos resulta como la misión llevada al cine.

El Barcelona está a tres partidos de encumbrarse con un tercer triplete, y digo tres, pues las jornadas que restan de Liga son para cumplir calendario, tras celebrar su título 26 luego de derrotar al Levante. La última presentación de los dirigidos por Valverde ha recorrido el planeta fútbol, por la obra de arte de Messi, por la entrega de un incombustible Vidal y por las no menos relevantes paradas de Ter Stegen. Claro, más allá de la euforia colectiva, el debate por el estilo ha quedado aparcado por la cercanía de ese instante ya vivido con Guardiola en el 2009 y con Luis Enrique en el 2015.

Un 3-0 en la pizarra del Camp Nou y un Liverpool que murió a lo que sabe, que además, por mucho que suene complejo de entender, la distancia desfavorable en el marcador, fue inversamente proporcional por varios pasajes en el césped. Esto ha sido una constante esta temporada en choques en los que los culés se juegan trofeos o se ven exigidos por sus rivales. El certamen doméstico ha mostrado un Barça confiado, evidenciándose en duelos trabados, más por la falta de ritmo blaugrana, que por méritos de sus impotentes contrarios. Quizás frente al Betis, choque del pasado noviembre, las habituales reacciones al marcador no terminaron en buen puerto. Los de Setién fueron al recinto catalán y no dejaron de ser fieles a las formas de quien les ordena desde la banda, enfrascándose en una pelea de ida y vuelta, finalizada por un 3-4, que por nada no se pactó la igualada. Fue un Barcelona arrinconado, obligado a recorrer más metros en busca de la portería rival, pero con Ernesto ya no era nada raro.

Se repetiría una y otra vez, tanto en casa como a nivel europeo. El PSV también puso a prueba los nervios del txingurri, aunque nuevamente el guardameta alemán, la seguridad de Piqué y la sola presencia del 10, bastaron para desatascar a los azulgranas. Lejos del 5-1 del primer Clásico, los siguientes partidos con el archirrival delante, pasaron por un denominador común. Sin que Leo fuese decisivo, los “desconocidos” blancos, empujaron a los culés con furia y, por qué no, con futbol, pero sin contundencia en ambas áreas, lo que si a distinguido al equipo de Valverde, agarrado en esta ocasión a Malcom, a Suárez y a Rakitic, para desmoralizar a la parcela madridista, una, y otra, y otra…

Pasó el Pizjuán y, más de lo mismo. Un hat-trick de Lionel y los guantes del de siempre, evitaron el fracaso e impulsaron la enésima vuelta de hoja blaugrana. Es ese elenco que ya no se siente incómodo sin el control mediante la posesión, pero que sí continúa dominando la posición, ahora la de esperar aparentemente agazapado para posteriormente liquidar a sus oponentes. Y no es que ya no tenga elementos incapaces de conservar pegada la redonda, algo que tampoco han apartado de su diccionario futbolístico, pero la mezcla de lo práctico y plástico a la hora de manejar el balón y los tiempos, parece ser la clave para sobretodo, festejar el gran objetivo, anunciado por el capitán el pasado verano. Si tras el Wanda, las caras no son de buenos amigos, retornará el debate de canteranos y estilismo. El tiempo dictará sentencia.

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Acerca de Arian Alejandro

Analista del programa El Balonazo de la emisora Radio COCO. Comento de Fútbol Internacional en Tribuna Deportiva y de Fútbol Cubano en Deportivamente y Cubavisión Deporte. Redacto para las Webs VIP Deportivo, Comuniate.com y Más Que Goles. Creador del Canal de Twitter En El Corner

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