Cronica: Real Sociedad-Celta

La maldición de Anoeta toca a su fin

Se había pasado dos décadas largas la Real Sociedad lamentando su existencia, las mismas que lleva añorando el viejo Atocha, símbolo de tantas cosas. Costó, pero al final las pistas de atletismo que rodeaban el césped de Anoeta desaparecieron este verano, acercando de una vez por todas a afición y equipo. Un romanticismo que hasta este lunes chocaba con los fríos números: en los cinco primeros partidos en su renovada casa, la Real había sido incapaz de celebrar una sola victoria. Como una maldición, como si el espíritu de las desaparecidas pistas quisiera amargar la vida a quienes prescindieron de él. Fantasmas que los conjuros de Oyarzabal y Zurutuza lograron al fin espantar.

Sobrevoló hasta el epílogo el temor a que todo siguiera como estaba, a que el Celta también consiguiera llenar el saco de puntos en su visita a San Sebastián, pero los vigueses se quedaron con la orilla a la vista, cerca pero a la vez lejos, en el que fue el debut de Miguel Cardoso en el banquillo celeste. Un estreno que deja peores sensaciones que resultado para un Celta que fue claramente peor que los donostiarras.

Sin Maxi Gómez de inicio, con Aspas como única referencia ofensiva, el cuadro gallego fue siempre un equipo trémulo y dubitativo, con exagerados problemas para sacar el balón jugado desde atrás, credo sagrado en Vigo desde hace ya unos cuantos años y cuya profanación costó el puesto a Antonio Mohamed. La presión alta de la Real le ahogaba las ideas y le impedía ir quemando metros. Y el césped, maltratado por un partido de rugby reciente, tampoco le beneficiaba.

Pero su mayor enemigo era humano, una Real agresiva, intensa y veloz, que va tomando la forma que Asier Garitano pretende tras el carrusel de lesiones y sanciones de este tercio inicial de Liga. Los donostiarras tuvieron también la pizca de suerte necesaria, después de que Aspas se resbalara cuando iba a fusilar a Moyá tras un error de Llorente.

El fallo de Jozabed
A partir de entonces, mediada la primera parte, el partido cogió un claro color ‘txuriurdin’, con Januzaj y Juanmi muy activos. El gol, que era cuestión de tiempo, llegó tras un grave error de Jozabed tratando de sacar la pelota. Falló Willian José, falló Juanmi, pero Oyarzabal la acabó metiendo a portería en el remate más complejo de los tres.

Cardoso recuperó a Maxi Gómez tras el descanso, pero enseguida encontró un segundo mazazo con un portentoso remate de cabeza de Zurutuza que convirtió en mantequilla las tímidas manos de Sergio Álvarez. Con mayores espacios desde el 2-0, la Real disfrutó atacando la espalda de los zagueros vigueses. Una y otra vez se encontró en el área de Sergio, pero siempre le faltó la pericia necesaria y un puntito de mala leche para enfilar la goleada.

Dejó vivo el partido y Maxi Gómez le puso picante a falta de 10 minutos cabeceando a gol un gran centro de Brais Méndez. Quizá con el uruguayo en el campo desde el comienzo todo hubiese sido distinto para el Celta, un apunte que sin duda Cardoso hará. La maldición de las pistas volvió a sobrevolar Anoeta con el 2-1, pero el Celta se quedó allí y los fantasmas se fueron. ¿Para siempre?

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